Crónica del último día
Sábado, 31 de enero de 2009
Muy temprano en la mañana, y con gran entusiasmo y gratitud por lo compartido y vivido en los días anteriores, los participantes del I Congreso de Espiritualidad Sodálite comenzaron las actividades que hoy sábado durarán todo el día.
Cantos y oraciones dieron inicio al programa de esta jornada, en la que tuvieron lugar conferencias, paneles, preguntas, el rezo del Rosario y algunas agradables y edificantes sorpresas.
La primera de las ponencias de la mañana, «El pecado, clave antropológica», estuvo a cargo de Catalina López, miembro de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, quien destacó que una correcta visión teológica del pecado «nos da una clave fundamental para entender el camino del hombre viador, para la comprensión de nuestro peregrinar en la tierra como una continua lucha. Nos da luces sobre el sentido del sufrimiento humano y nos abre a la esperanza con la luminosa verdad de la Reconciliación en Cristo».
Catalina explicó a la audiencia que desde la perspectiva de la espiritualidad sodálite, fundamentada en la Revelación y las enseñanzas del Magisterio y la Tradición, «nos acercamos al tema del pecado desde varios acentos particulares: el pecado como desobediencia, el pecado como ruptura, el pecado como acto suicida y el pecado como acto homicida».
En esta línea, Catalina puso énfasis en la importancia de mirar detenidamente la aproximación al pecado como fuerza de ruptura, destacando su cuádruple dimensión: Con Dios, con uno mismo, con los hermanos y con la creación toda. El pecado, añadió, «obstaculiza permanentemente el crecimiento en el amor y la comunión, tanto desde el corazón de los hombres, como desde las diversas estructuras por ellos creadas, en las cuales el pecado de sus autores ha impreso su huella destructora».
De esta manera, las consecuencias antropológicas del pecado «son indudables, puesto que la fuerza de ruptura que porta trastoca las cuatro relaciones fundamentales del ser humano», agregó.
Aunque el hombre se experimenta herido por el pecado, advierte aún con mayor fuerza “una nostalgia de infinito, que no es una vivencia pasajera, sino permanente y constitutiva de la existencia misma del hombre”, concluyó.
Terminada la conferencia, los participantes hicieron numerosas e interesantes preguntas para ahondar más sobre este tema trascendental para entender a la persona humana y su urgencia de reconciliación.
Durante el descanso, los participantes fueron invitados a visitar una hermosa muestra de arte popular que tuvo como temática la advocación mariana de nuestra familia espiritual, Nuestra Señora de la Reconciliación.
A continuación, se dio inicio a los paneles de la mañana. El primero de ellos fue con el tema «La aproximación a la persona humana en algunos autores espirituales entre el s. XV y XVII», dirigido por Gustavo López, miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, quien destacó la aproximación al tema de diversos autores de la época, como Fray Luis de Granada, a San Juan de la Cruz y al P. Miguel de la Fuente y San Francisco de Sales.
Para todos estos autores, explicó Gustavo, «el cuerpo es la parte exterior, la “casa” del alma, sujeto de educación, para que no se convierta en un obstáculo en el camino del espíritu». Gustavo puso sobre la aproximación a la dimensión interior de estos autores: «…la dimensión interior del hombre está constituida por distintos planos o grados, cada uno con facultades y potencias...en esta dimensión interior, en casi todos los casos se suele destacar un lugar más íntimo y reservado -con facultades para unos, sin facultades para otros y para otros con facultades pero en su estado más noble- y que es el auténtico lugar del encuentro con Dios».
Concluyendo y ante la pregunta lógica de cuál es la tarea del hombre frente a esta parte constitutiva de su persona, Gustavo señaló que era menester, un «despojarse- revestirse», colaborando con la gracia para que actúe y transforme todo el ser, desde las partes más exteriores hasta las más interiores, haciéndolas más espirituales».
El segundo panelista trató el tema «Visión trial del ser humano en algunos autores contemporáneos», dictado por Felipe Peligrinelli, miembro del Sodalicio de Vida Cristiana.
Felipe advirtió que si bien no todos los autores que iba a mencionar podían ser considerados, en sentido estricto, promotores de una estructurada y clara «visión trial» del ser humano, «sí se les puede considerar como posibles interlocutores para una mayor comprensión de la misma».
Esta precisión permitió entrar en diálogo con los aportes o concepciones del filósofo alemán Edmund Husserl, la Santa Edith Stein, algunos aspectos de la antropología de Emmanuel Mounier, el filósofo Ferdinand Ebner, el psicólogo vienés Viktor Frankl, el psiquiatra italiano Roberto Assagioli, el célebre pensador católico Henri de Lubac, el teólogo español Olegario González de Cardenal y el teólogo alemán Franz Delitzsch.
Felipe sostuvo que en medio de un mundo marcado por reduccionismos ideológicos, por una fuerte fragmentación de lo humano y ante la insuficiencia e incomprensión de lo que significa la dimensión espiritual para el hombre hodierno, «uno de los desafíos de nuestro tiempo contempla la recuperación de la visión unitaria e integral del ser humano y la recuperación de la dimensión espiritual».
Al mediodía y como expresión de amor filial a nuestra Madre en su día, rezaron un hermoso Rosario por las intenciones del Santo Padre y por todos los trabajos y frutos de este Congreso, meditando los misterios de dolor – alegría para aprender de Santa María cómo debe ser nuestra vida cristiana.
EN LA TARDE
A las 4:30 de la tarde se dio inicio al último bloque del Congreso, con una oración inicial que dio paso a la conferencia “El Señor Jesús, Reconciliador y Revelador de la persona humana”, a cargo de Ignacio Blanco, Presidente del Comité Organizador del Congreso y miembro del Sodalicio de Vida Cristiana.
El objeto de la conferencia, según dijo él mismo, fue buscar profundizar en el misterio deslumbrante del horizonte de la reconciliación del ser humano obrada por el Señor Jesús, «quien manifiesta el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación».
Ahondando más en el tema, presentó a la reconciliación como clave y dinamismo fundamental en el cual el ser humano está invitado a tenerla en y desde Cristo. «En efecto, continuó, la riqueza teológica que esta categoría de comprensión de la Revelación tiene, por su mismo dinamismo, proyecciones antropológicas que desde la fe iluminan el misterio del ser humano».
«En el Señor Jesús el hombre no sólo es perdonado (justificado), sino que es totalmente renovado, reorientado, “creado” de nuevo, e introducido en esa dinámica reconciliadora como beneficiario y ministro de la misma», agregó.
Ante un auditorio que seguía con gran atención estas reflexiones, Ignacio continuó la conferencia explicando que en el Señor Jesús descubrimos nuestra identidad y el horizonte de nuestra realización. En este sentido, destacó la importancia que tienen la Gaudium et spes 22 y Ecclesia in America 10, no sólo para la espiritualidad sodálite, sino para la renovada presentación del Misterio de Cristo en este tercer milenio, así como para la reflexión antropológica iluminada por la fe.
Ignacio presentó algunos elementos concretos que nos revela Cristo sobre nuestra identidad y vocación como personas: ser hijos en el Hijo, la humildad como disposición existencial, la obediencia, camino de libertad y realización auténtica, la pureza, camino de plenitud en el amor, la dimensión cruciforme de la existencia humana y el sentido misional de la existencia.
Terminada la conferencia se dio paso a las diversas preguntas de los asistentes sobre la aplicación del dinamismo reconciliador en la vida cristiana y cotidiana.
Luego del descanso se dio inicio a la última conferencia del Congreso, «La persona humana y su libre cooperación con la gracia», a cargo del P. Jorge Olaechea, sacerdote del Sodalicio de Vida Cristiana.
Ante un auditorio atento y reflexivo, el P. Jorge explicó en qué consiste la auténtica libertad de la persona humana. Sostuvo que «a través del ejercicio libre de la voluntad, que se mueve hacia lo que la persona —a través de un proceso en el que diversos factores físicos, afectivos y tendenciales interactúan con el entendimiento— evalúa como lo bueno para sí en una situación dada, la persona humana dispone de sí y se va forjando a sí misma».
Sin embargo, el misterio de la libertad humana no se agota ahí, acotó el Padre Olaechea. La profundización del tema nos lleva a un importantísimo concepto, que en nuestra tradición espiritual llamamos libertad poseída. «No se trata de un concepto estático, como si en algún momento uno pudiese decir “ya poseo mi libertad”, sino de una realidad dinámica: nos vamos haciendo más libres en la medida en que realizamos actos libres que nos acerquen más “a la realidad profunda, a la mismidad de nuestro propio ser”», explicó.
“Podemos afirmar entonces, continuó el Padre Jorge, que el Plan de Dios es el espacio de la auténtica libertad humana, porque sólo desde la intencionalidad del Designio divino se comprende el sentido auténtico de toda realidad humana, incluida la libertad, y —podríamos añadir— sobre todo de la libertad, que, como dice la Gaudium et spes, en el conjunto de las realidades humanas “es signo eminente de la imagen divina en el hombre””.
La gracia es siempre una donación amorosa de Dios y no anula nuestra libertad, sino que por el contrario, «cuando ejercitamos esa libertad siguiendo el sentido de nuestros dinamismos fundamentales, nos vamos haciendo más libres por la acción de la gracia», agregó.
En todo esto, concluyó el Padre Olaechea, «el ejemplo de la Virgen Fiel nos señala la plenitud de la libertad humana, pues no es sólo su capacidad de elección, y ni siquiera es sólo la posesión de esa libertad a través de su recto ejercicio según la verdad y el bien, sino que es la entrega, desde esa libertad poseída, en obediencia amorosa al Señor y a su Plan».
CEREMONIA DE CLAUSURA
Una serie de gratas sorpresas coronaron la ceremonia de clausura del I Congreso de Espiritualidad Sodálite. La alegría de los asistentes brotó espontáneamente ante algunos cantos presentados por la familia Aguilar, miembros de nuestra familia espiritual, en una clara muestra de la alegría espontánea que brota de la presencia del Señor en medio de nosotros.
Después de su presentación, se dirigió a los presentes Ignacio Blanco, Presidente del Comité Organizador del Congreso, quien señaló que este Congreso «ha sido una experiencia indescriptible, y lo primero que brota es gratitud a Dios, pues es su fuerza la que nos ha congregado, la que alimenta esas relaciones de amistad y de fraternidad de nuestra familia».
«¿Quién dice que no es posible cambiar el mundo?», dijo a los participantes como un pensamiento que le había suscitado al visitar la muestra de arte sobre Nuestra Señora de la Reconciliación, obras todas de artistas peruanos que han sabido plasmar nuestra espiritualidad en sus trabajos.
Asimismo, exhortó a todos los miembros de la familia espiritual, desde su propia realidad, a «asumir el compromiso exigente de responder, de formarnos de verdad, de hacer del camino de la escucha, la acogida, de interiorización que vemos en nuestra Madre María, se convierta cada vez más en nuestro camino».
PALABRAS FINALES DE NUESTRO FUNDADOR
Al terminar de dirigirse a los asistentes del Congreso, Ignacio Blanco le pidió a nuestro Padre Fundador, Luis Fernando, que dirija las palabras conclusivas.
Luego de agradecer profundamente a Dios por esta intensa y hermosa experiencia que congregó en estos cuatro días a más de mil cien miembros de la familia espiritual de todas partes del mundo, Luis Fernando señaló que el Espíritu de Dios «nos mueve a abrir nuestros corazones; a expresar lo que Él nos va dando y a categorizarlo; a vivir con mayor profundidad la experiencia cristiana, a lanzarnos al mundo para anunciar a Jesús».
Compartió con todos los presentes estar profundamente conmovido por la muestra de arte con las imágenes de Nuestra Señora de la Reconciliación plasmadas «tan bellamente y en formas tan diversas por los artistas populares de esa tan sufrida tierra de Ayacucho…bendecida por esa capacidad creadora de hombres y mujeres en el arte popular».
No menos impresionante, señaló Luis Fernando, son las fotos y las pinturas que expresan la vitalidad de una comunidad de fe, de esperanza y de amor enraizada en el mundo de hoy. Igualmente se refirió al canto de la de la familia Aguilar, como símbolo de una familia unida, expresándose en el arte, don que Dios les ha dado. «Todo esto» señaló nuestro Fundador, «nos tiene que llevar a una gratitud muy profunda».
Asimismo, Luis Fernando dijo que la presencia de Mons. Alcides Mendoza, el obispo más joven que participó en el Concilio Vaticano II, y que estuvo presente en estos días de Congreso, le evocaba con fuerza el Concilio «como un don grande, fuerte e intenso para la Iglesia de nuestro tiempo».
Luis Fernando hizo un emotivo recuerdo de 1972, cuando el obispo auxiliar de Lima, a pedido del Cardenal Arzobispo de Lima Juan Landázuri Ricketts, visitó la naciente comunidad sodálite, y alentando al joven grupo inicial les dijo: «el Sodalitium es una plena expresión del Concilio Vaticano II». Continuó el relato mencionando que pasados 20 años, en 1992, el Cardenal Landázuri en el Centro Pastoral Santa María de la Evangelización compartió esas mismas “famosas palabras” —las llamó el Cardenal— de su Obispo auxiliar. «Esto significaba —dijo Luis Fernando— la responsabilidad de transmitir y llevar al mundo el mensaje del Concilio».
«Cómo pues, junto con la conciencia plena de nuestra fragilidad, no reconocer la gratuita elección de Dios Amor que deposita en nosotros la tarea tan inmensa de llevar su mensaje y su presencia a un mundo que le da la espalda», continuó nuestro Fundador.
Con fuerte y alentadora voz, exhortó a los miembros de la familia espiritual a acercarnos y a aprender de Santa María. «Cristo nos envía a Maria, nuestra Madre, su Madre, hermanándonos en Ella y nos invita a acercarnos a Ella como Él, con amor de hijo, con amor filial. Qué bella expresión, amor filial, acercarnos a Maria para que como hijos sintamos su ternura y podamos poner nuestro corazón en armonía con el suyo, que late como bien sabemos con los latidos de Jesús», dijo.
Al finalizar este mensaje conclusivo del Congreso, Luis Fernando recordó las palabras del Papa Benedicto XVI sobre el Señor Jesús: «Él no quita nada, lo da todo». En este sentido, añadió: «Él se da todo a nosotros, mostrándonos nuestra identidad, el horizonte de nuestra existencia, la verdadera felicidad por la cual clama nuestro corazón, entregarnos a Jesús».
«Debemos hacerlo vida en nuestra vida, centrar toda la atención en el Señor Jesús, no dejarnos distraer por la bulla, por los ídolos que el mundo presenta, por la hostilidad de un mundo que le da la espalda a Dios, por una cultura cada vez más negativa de lo humano. No debemos dejarnos distraer, levantar en alto nuestra fe, dejar que esa llama que arde en el Corazón de la Virgen, arda en nuestros corazones, abrirnos a recibir el óleo del Espíritu Santo para que esa llama se encienda y se convierta en antorcha viva que vaya por el mundo encendiendo corazones, encendiendo realidades, haciendo un fuego inmenso que muestre la alegría, el calor, la luz de Dios a un mundo que anda en tinieblas. Esa es nuestra misión, para eso estamos, no se concluye un Congreso, se abre una dimensión del mismo en profundización hasta la siguiente etapa, para poder en todo este proceso convertirnos en esa antorcha, en ese fuego vivo e ir por el mundo irradiando fuego, irradiando luz, irradiando amor», concluyó.
Como acto final de la Ceremonia de Clausura se realizó una Liturgia presidida por Mons. Alcides Mendoza Castro, quien impartió su bendición a todos los participantes del Congreso y la hizo extensiva a todos los miembros de la Familia Sodálite que en estos días han acompañado la realización de este hermoso evento con su oración y comunión fraterna.
(Los presentes textos están basados en extractos grabados y no pueden considerarse como versiones oficiales de los ponentes). |